¿Qué hace un curtido militar sevillano, forjado en las batallas europeas, al frente del virreinato más rico de América en plena era de la Ilustración? Antonio María de Bucareli y Ursúa arribó a la Nueva España con la ingente tarea de aplicar las Reformas Borbónicas. Lejos de ser un mero ejecutor, este hombre de visión preclara se convirtió en un gobernante excepcional: un gran reformista urbano que legó a Ciudad de México obras fundamentales y gestionó con pulso firme la amenaza geopolítica de la Rusia de Catalina II en el Pacífico y mereció ser aclamado por sus súbditos como el «Padre de la Patria». Una gestión tan ejemplar como breve, que redefinió los últimos años del dominio español en América.
Bucareli impulsó notables mejoras urbanas en la Ciudad de México, como Avenida Bucareli, y sentó las bases del magno desagüe del Valle, una obra crucial para evitar las inundaciones
Lit. V. de Nurguía e Hijos. Colección Museo Nacional de Historia de México.
En la calle Santa Clara del barrio de San Vicente se alza, aún majestuoso, el Palacio Bucareli, casa familiar de esta influyente dinastía de comerciantes establecida en Sevilla a comienzos del siglo XVI. Uno de los miembros de este linaje de origen florentino —posiblemente la personalidad más brillante entre ellos— fue Antonio María de Bucareli y Ursúa, nacido en la capital andaluza el 21 de enero de 1717, séptimo entre los hijos de Luis José Bucareli y Henestrosa, II Marqués de Vallehermoso, y de Ana María de Ursúa Lasso de la Vega, IV Condesa de Gerena.
A muy temprana edad, Antonio María inicia una carrera militar que le condujo a alcanzar el generalato. En el marco de la Guerra de Sucesión Polaca, un conflicto que el rey Felipe V aprovechó para intentar recuperar territorios italianos que habían pertenecido a la corona española, Bucareli participa en acciones como el Sitio de la Mirándula, la Toma de Orella, la entrada de las Barricadas, la campaña del Piamonte o el socorro a la plaza de Parma. Tras una breve intervención en la campaña de Portugal durante la Guerra de los Siete Años, continuaría su actividad al servicio de la corona española en tierras americanas, adonde llegaría en 1766 para hacerse cargo de la Capitanía General de Cuba.
El nombramiento de Antonio María de Bucareli como primera autoridad española en la isla antillana respondió a la necesidad de contar con un militar competente. Cuba presentaba grandes deficiencias defensivas, como demostró el ataque y ocupación inglesa de La Habana de 1762 durante la Guerra de los Siete Años. Su dilatada experiencia en acciones militares tanto en España como en Italia y Portugal convirtieron a Bucareli en un gran conocedor de las plazas fortificadas y los sistemas defensivos, lo que le hacía la persona más adecuada para el puesto asignado.
Durante su mandato en Cuba, el nuevo gobernador demostró una enorme valía, brillando como competente gestor y escrupuloso administrador del erario al lograr sanear las deterioradas finanzas de la isla. Bucareli dedicó especial atención al fortalecimiento de las defensas de Cuba y al adiestramiento de las tropas y milicias que la guarnecían, garantizando su eficacia al dotarlas de armamento y material necesario. En cuanto a la administración de justicia, intentó agilizar los procesos civiles y criminales, distinguiéndose igualmente por el rápido y eficaz equipamiento de la expedición que dirigió Alejandro O'Reilly contra Nueva Orleans en 1769. Bucareli también fue el encargado de ejecutar la Real Orden de expulsión de la Compañía de Jesús de Cuba, así como de recibir a los jesuitas que, procedentes de los más diversos puntos del continente americano, habrían de hacer escala en La Habana antes de proseguir su viaje hacia Europa.