Detrás de cada cifra, late una vida. Ochenta y nueve andaluces dejaron su tierra para luchar en la Primera Guerra Mundial, muchos desde los puertos de Argelia, otros desde pueblos humildes. Jóvenes que buscaban trabajo, integración o simplemente escapar del hambre, y que acabaron en las trincheras de Verdún, Somme o Gallípoli. Algunos murieron lejos de casa, otros volvieron marcados para siempre. Esta historia rescata sus nombres y sus motivos, para que no queden en el olvido. Un relato que conecta Andalucía con uno de los episodios más dramáticos del siglo XX.
Ochenta y nueve andaluces abandonaron su tierra para luchar en la Primera Guerra Mundial. Muchos buscaron trabajo, integración o escapar del hambre en las trincheras de Europa.
En las trincheras de la Gran Guerra, un grupo de legionarios descansa entre turnos de guardia, rodeados de equipo y mascarillas antigás. Archivo de José Subirá Puig, Biblioteca de Cataluña.
Al estallar la Gran Guerra en el verano de 1914, el gobierno francés y especialmente el ministro de Guerra Adolphe Messimy consideraron oportuno impulsar el alistamiento de extranjeros en las filas de su Ejército. Muchos de aquellos foráneos, inmigrantes en Francia —como el escritor y poeta suizo Blaise Cendrars—, se manifestaron rápidamente en las calles y en los diarios con el ruego de ser aceptados para combatir en la defensa de la que consideraban su segunda patria.
Centrándonos en el volumen de efectivos, el reclutamiento de aquellos extranjeros fue porcentualmente de escasa relevancia en comparación con la movilización forzosa de millones de ciudadanos franceses en edad adulta. Sin embargo, a nivel simbólico y propagandístico, la participación militar de hombres venidos de todo el mundo reafirmaba la noción de que la causa francesa encarnaba una serie de valores universales y superiores, tal y como se encargaron de recordar periodistas y publicistas como Gaston Moch o Albert Erlande.
Aquellos hombres extranjeros que carecían de la nacionalidad francesa, sin embargo, no podían ser adscritos a los regimientos del Ejército regular francés. Solo podían servir en el ejército francés a través de la Legión Extranjera, un cuerpo establecido por el rey Luis Felipe I de Orleans en marzo de 1831 y que, solo por segunda vez en su historia, iba a emplearse en el suelo de la Francia metropolitana. Para promover el éxito de las campañas de alistamiento, las autoridades militares acordaron que, en lugar de firmar un contrato que los atase al servicio en la Legión Extranjera por un total de cinco años como era habitual, se habilitó la opción de alistarse para servir solamente pour la durée de la guerre, esto es, por el tiempo que durase la guerra.
Entre el verano de 1914 y noviembre de 1918 miles de extranjeros (alrededor de 35.000, según la mayoría de los estudios) sirvieron en las filas de la Legión Extranjera, participando en un gran número de combates y padeciendo las terribles condiciones de vida en las trincheras. Eran hombres venidos de todo el mundo, muchos de ellos ya previamente inmigrantes en Francia: italianos, suizos, belgas, polacos, estadounidenses, griegos, rumanos, latinoamericanos… Y, en medio de ese crisol de culturas, también españoles y andaluces.
LOS ANDALUCES EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL. Durante décadas ha resultado sumamente complicado determinar el número de españoles que se alistaron en la Legión Extranjera entre 1914 y 1918. En buena parte, ello se debió a las restricciones a la consulta de sus archivos en Aubagne (Bouches-du-Rhône, Francia) impuestas por sus propias autoridades. Además, las propias fuentes en las que se registraron los datos de los combatientes presentan numerosas omisiones o, incluso, datos que pueden inducir a error, y su diversa tipología dificulta la labor de seriar y completar la información.
Con todo, la apertura parcial de los archivos y el contraste de las fuentes militares oficiales con los datos recabados por el doctor barcelonés Joan Solé i Pla en los años veinte permite identificar un mínimo de 1.533 españoles alistados en la Legión Extranjera francesa en algún momento del transcurso del conflicto. Ese número mínimo, que podemos reconocer de manera fehaciente a través de las fuentes, podría aumentar en algunos centenares más si en un futuro se abre a la consulta la totalidad de los expedientes individuales de los antiguos combatientes conservados en el Bureau des Anciens de la Légion étrangère (BALE).