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Pueyrredón, un pincel entre dos mundos

Cómo el costumbrismo español moldeó el imaginario argentino

MARÍA FLORENCIA GALESIO
MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES, ARGENTINA

Cádiz era un lugar próximo a los afectos de la familia Pueyrredón y, a la muerte de su padre, Prilidiano decidió establecerse en ese puerto andaluz. Hacia fines de 1851 se instaló allí con su madre, quien conservaba amistades en la ciudad gaditana, y pasó algunas temporadas en Jerez de la Frontera y en Sevilla. En sus cartas no aparecen noticias sobre su pintura, y tampoco hay referencias sobre visitas a museos o a talleres de artistas. No obstante, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires posee una obra que pudo haber sido realizada en esa ciudad, Ciego popular en Cádiz, que manifiesta la influencia del lenguaje costumbrista en boga en España en ese momento, y otra pieza realizada en la Península, La Noria (España). A su regreso a Buenos Aires, continuó cultivando este tipo de temática.

COSTUMBRES DE LA CIUDAD Y LA COSTA EN LA PINTURA DE PUEYRREDÓN. Prilidiano vivió en España cuando en el arte peninsular imperaban las corrientes del romanticismo y se producía el florecimiento de la pintura costumbrista. Este auge se relacionaba con el movimiento de viajeros y sus recorridos culturales por la región, lo que dio lugar a la creación de personajes típicos y pintorescos que se convirtieron en objetos de consumo. Al finalizar la Guerra de la Independencia (1808-1814), la península atrajo a turistas y artistas europeos, convirtiéndose en una escala obligada del itinerario del Grand Tour. Sus paisajes, monumentos y tipos humanos despertaron la curiosidad de escritores extranjeros como Washington Irving y Prosper Mérimée, cuyos relatos de viajes alcanzaron gran éxito.

A su vez, dibujantes y pintores ingleses y franceses como John Phillip y David Robertson, y más tarde Gustave Doré y Constantin Meunier, describieron una España —percibida como una prolongación de África— con lugares, personajes y costumbres exóticas. Por otra parte, los artistas españoles siguieron el camino de los viajeros extranjeros representando temáticas pintorescas, pues el sur de la Península era prolífico en tradiciones que contribuyeron a crear esta imagen peculiar buscada por el romanticismo. Estas imágenes se caracterizan por presentar tipos o escenas donde se exalta a los personajes y tradiciones populares; el personaje se transforma en tipo y la escena presenta las particularidades de una ciudad, región o colectividad. Se trata de un tipo de representación donde prima una mirada nostálgica y la crítica se encuentra ausente.

Entre los iniciadores de la pintura costumbrista andaluza se destaca el sevillano José Domínguez Bécquer. En obras como Partida de naipes (1838) o El ciego y su lazarillo (1841) —tema que también tomó Prilidiano—, expresa su agudo poder de observación. La fuerte demanda extranjera de sus obras de pequeño formato, al óleo o a la acuarela, provino principalmente de Inglaterra. El nivel de pedidos fue tan importante que tuvo un delegado en Cádiz para tramitar la venta de sus obras destinadas a Gran Bretaña. A este movimiento cabe sumar el accionar en Sevilla de los duques de Montpensier, grandes coleccionistas y promotores culturales, y el creciente interés de la burguesía regional por este tipo de imágenes de temáticas populares.

Un puente de luz

¿Cómo un ingeniero formado en la élite de París terminó capturando el alma popular de las orillas del Plata? Prilidiano Pueyrredón no solo fue el hijo de un prócer, sino un artista de mirada transatlántica que supo traducir la nostalgia del romanticismo español al lenguaje de una nación en formación. Educado entre los rigores de la arquitectura y la efervescencia de los museos europeos, Pueyrredón encontró en las calles de Cádiz la inspiración para dignificar lo cotidiano. Al regresar a Buenos Aires, transformó a pescadores y lavanderas en protagonistas de una obra que ayudó a que la gran aldea se reconociera a sí misma a través del arte. Esta es la crónica de un pincel que unió dos mundos para fundar una estética nacional.

Prilidiano Pueyrredón. Un alto en el campo, 1861. Óleo sobre tela. Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.

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