Columnas

Tablada, clave del 36

El primer puente aéreo que condicionó la Guerra Civil

En los albores de la Guerra Civil, el destino de la sublevación pendía de un hilo tan delgado como las aguas del Estrecho de Gibraltar. El control naval republicano había sellado la vía marítima, dejando a las tropas mejor preparadas del bando nacional varadas en Marruecos. Ante este bloqueo crítico, los sublevados se vieron forzados a improvisar el primer puente aéreo de la historia. Utilizando una flota precaria y, rápidamente, con la ayuda vital de Junkers alemanes y Savoia Marchetti italianos, la base de Tablada, en Sevilla, se convirtió en el epicentro de una operación de rescate y traslado masivo. Esta acción no fue un simple movimiento táctico; fue un golpe estratégico que permitió el desembarco exprés de 14.000 hombres y material de guerra, asegurando la supervivencia de la sublevación en el sur. ¿Cómo se gestó esta operación pionera, y por qué el bando republicano, de forma incomprensible, no logró detener el flujo aéreo que cambiaría para siempre el curso de la contienda?

JOAQUÍN GIL HONDUVILLA
CORONEL DEL CUERPO JURÍDICO MILITAR

Tablada fue la base que permitió la llegada de las fuerzas africanas al inicio de la guerra. Sin la pista sevillana, el control de Andalucía occidental habría resultado imposible

Dornier Wal sublevado. Intervinieron en los primeros momentos del puente aéreo. Fuente: jmodels.net.

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Al comenzar la Guerra Civil, en Andalucía la Aviación Militar tenía en servicio los aeródromos de Tablada, en Sevilla; Armilla, en Granada, y Málaga. De estas tres bases, la única realmente operativa era la de Tablada, donde se encontraba destinada la Segunda Escuadra de la Aeronáutica Militar, formada por dos grupos de aeronaves, en esos momentos numerados 12 y 22, (caza y reconocimiento), de los cuales el primero tenía muy escaso material volante y el segundo carecía de él.

TABLADA FUE LA CLAVE. De todas estas bases, la sevillana fue la que tuvo un protagonismo más destacado durante la guerra civil. Tablada jugó un importantísimo papel en la sublevación del 18 de julio de 1936 en Sevilla. En la mañana de aquel día el gobierno del Frente Popular ordenó que acudieran a sus pistas los escasos aviones que podían cumplir funciones de bombardeo, con la intención de castigar en el Protectorado a las fuerzas que se habían sublevado el día anterior. Estos aviones eran Fokker VII destinados en la Aviación Militar en Madrid y en Cabo Juby, y un DC-2 perteneciente a las Líneas Aéreas Postales Españolas (L.A.P.E.) que, aun siendo un aparato civil, era el polimotor más moderno y rápido disponible en España en aquellos momentos.

Tablada cayó en manos sublevadas a últimas horas del 18 de julio, cuando el comandante Martínez Esteve, jefe de la Escuadra y de la base, presentó su dimisión ante la imposibilidad de defender las instalaciones frente al resto de unidades sevillanas que se habían puesto bajo la obediencia del general Queipo. También quedó en manos rebeldes el 20 de julio la base granadina de Armilla, por lo que el control del aire, aunque de una manera muy limitada, terminó bajo control de las fuerzas sublevadas.

Al comenzar la guerra, en Andalucía se encontraban en servicio, o pendientes de reparación, dos Breguet XIX en Armilla, que aumentaron a cinco aparatos gracias a la inesperada llegada, el 21 de julio, de tres cazas Nieuport 52, procedentes de Getafe. Estos aviones venían para reforzar la presencia gubernamental en la base. Los pilotos desconocían la situación que se vivía en aquellas instalaciones militares cuando efectuaron el aterrizaje. Mientras, en las pistas de Tablada, se encontraban dos Fokker VII y un DC-2 y los aparatos Breguet XIX del 22 Grupo de Reconocimiento.

Con estos aviones comenzó la Guerra Civil en el aire en Andalucía, pero pocos días después su número aumentó considerablemente con la ayuda extranjera, y la República abrió nuevas instalaciones que sirvieran para la defensa de su territorio y el ataque de la zona que había quedado bajo control rebelde. De todos modos, las primeras operaciones que se realizaron por ambos bandos fueron acciones puntuales de bombardeo y combates aéreos individualizados o con escaso número de aparatos intervinientes, que apenas podían condicionar el resultado de la guerra terrestre salvo para servir de apoyo táctico a estas operaciones y por su efecto psicológico frente a unos soldados no habituados a este tipo de combates.

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