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Un cónsul-pintor en Andalucía

Eduardo Schiaffino, entre sus tareas diplomáticas y los paisajes al aire libre

PATRICIA V. CORSANI
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

Schiaffino visitó Sevilla por primera vez en 1906. Por entonces era el director del Museo de Bellas Artes. En aquella ocasión solo estuvo unos pocos días en la ciudad andaluza. Llegó desde la Argentina con todas las expectativas que podía tener alguien que buscaba obras de arte para su museo. Con tal fin visitó los talleres de algunos artistas del momento y galerías de arte. Y como, además, se interesaba por el arte religioso, se dedicó a estudiar algunas obras de Bartolomé Esteban Murillo para incorporarlas a las piezas que existían ya en la colección porteña, para lo cual recorrió iglesias y museos para lograr un acercamiento a las pinturas del artista.

Años después, en diciembre de 1917, el pintor y crítico de arte Eduardo Schiaffino fue nombrado Cónsul de la República Argentina en Sevilla. Unos meses después, llegó junto a su esposa Jane Coppin desde Italia. En la ciudad andaluza vivieron hasta 1921, cuando el cargo de Schiaffino fue trasladado a Madrid. Su figura trasciende como pintor y director del Museo Nacional de Bellas Artes de la Argentina (entre 1895 y 1910), aunque es menos conocida su etapa consular, es decir, los años posteriores a 1911. Sin embargo, la mayor parte de su vida la dedicó a sus cargos diplomáticos y, con su esposa, transitó por mar y tierra cuando debía cambiar de ciudad, lo que implicaba residencias transitorias en hoteles y en casas de alquiler.

El viaje en tren desde Italia hacia Andalucía, pasando por Francia, fue difícil y lleno de inconvenientes, dada la situación europea ocasionada por la Gran Guerra. Los altos costos, el peligro por el cierre de fronteras, la falta de transportes les impidió llevar a cabo la mudanza de todos sus bienes, obligándolos a usar depósitos temporales hasta el regreso a Italia, que se produjo en 1924. Los muebles de la pareja, parte de la biblioteca y obras de arte, quedaron en Livorno, ciudad toscana de la que Schiaffino fue Cónsul.

De camino a Sevilla, pasaron por algunas ciudades que iban señalando el camino hacia el destino asignado. Fueron Valencia, Córdoba, Alcázar y Cádiz. Transcurrían las celebraciones de la Semana Santa de 1918 y la ciudad estaba colmada de visitantes. Schiaffino y su esposa Jane se instalaron en el Hotel Inglaterra, frente a la antigua Plaza de San Fernando, hoy Plaza Nueva. Ahí vivieron durante casi un año y medio. Posteriormente, alquilaron una propiedad en la Calle Pimienta número 7, piso segundo, en una de las pequeñas casas que pertenecían al Marqués Benigno de la Vega Inclán, ubicada detrás del Real Alcázar, en el Barrio de Santa Cruz.

Un puente de luz

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, un destino inusual aguardaba al reconocido pintor y crítico de arte argentino Eduardo Schiaffino: ser nombrado Cónsul de la República Argentina en la vibrante ciudad de Sevilla. Tras una difícil travesía en tren desde Livorno (Italia) junto a su esposa, Jane Coppin, Schiaffino se instaló en Andalucía para cumplir sus funciones diplomáticas. Sin embargo, su espíritu artístico no se apagó. Entre sus obligaciones consulares, encontró el tiempo para escapar hacia el sur de España y dedicar sus vacaciones a la pintura al aire libre, explorando la intensa luz y la geografía de localidades como Carmona, Alcalá de Guadaira o Lanjarón. El resultado: una fascinante etapa donde el arte y la diplomacia caminaron de la mano.

Eduardo Schiaffino
  • Eduardo Schiaffino (Buenos Aires, 1858–1935) se formó como pintor en el taller del italiano Giuseppe Aguyari y, por recomendación de su maestro, continuó su aprendizaje en Venecia, Italia, con Egisto Lancerotto. En París hizo lo propio con Raphael Collin y Pierre Puvis de Chavannes. Allí conoció el patrimonio de museos y academias de bellas artes y escribió crónicas que enviaba y que publicaba un diario de la capital argentina. Desde muy joven participó de la organización de las instituciones artísticas en Buenos Aires. Junto a otros artistas organizaron la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, las exposiciones de arte en el Ateneo, que aspiraban a formar, impulsar y dar a conocer el arte argentino. Fue el primer Director y Conservador del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, entre 1895 y 1910. Elaboró su primer catálogo editado para la apertura en la Navidad de 1896. Fue, además, el Presidente de la Comisión Nacional de Bellas Artes, entre otras intervenciones. También fue crítico de arte y sus artículos se publicaron en periódicos y revistas de Buenos Aires. Años después, entre 1911 y 1933, fue designado cónsul en Dresde, Livorno, Sevilla, Madrid, Turín, Pau y Atenas. Finalmente, regresó a Buenos Aires.

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